Profesión de servicio

person getting his blood check
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Hubo un tiempo en el que me definía como enfermera. No podía distinguir mi ser de mi profesión. Hace algo más de un año solicité una excedencia voluntaria de mi plaza como funcionaria pública. Como sabéis, me he dedicado, entre otras cosas, a realizar uno de mis sueños, dedicarme a la docencia. Para ello he elegido otra de mis formaciones, la sexología para desarrollar esa labor docente. Tanto el cuidado de la salud como la docencia son profesiones al servicio de la sociedad.

Hace un año me tomé un paréntesis, dejé de cuidar pacientes para cuidarme y cuidar a mi familia, para seguir al servicio desde la sexología utilizando la educación sexual como herramienta. Ahora, la vida me pide un paréntesis de esta labor, que me apasiona, para volver a ponerme la bata, los guantes, la mascarilla y las gafas, en resumen lo que todos conocéis como EPI y desarrollar otra labor, igualmente apasionante, cuidar.

Me reincorporé al mundo sanitario a principios de marzo. Me contagié, como muchos otros compañeros. Tras pasar la cuarentena y el aislamiento en casa, puesto el COVID 19 se me ha manifestado de forma leve, desde un punto de vista sanitario, he dado negativo en el test y he recibido el alta médica. Me reincorporo en estos días, como suplente, al servicio de la población que necesita enfermeras. Mientras, hago un paréntesis en mi proyecto Madre&Mujer, aunque sigo atendiendo, de manera gratuita, todas las preguntas que me hacen por correo electrónico.

2020 es el año de la enfermería. Ninguna imaginaba que íbamos a conectar directamente con Florence Nightingale, precursora de la enfermería profesional. No imaginábamos que los cuidados básicos, lo que todas las enfermeras del mundo promueven diariamente desde hace años,  serian un pilar esencial que se divulgaría en todos los medios de comunicación. No nos imaginábamos ejerciendo en hospitales de campaña como si de una guerra se tratase. La realidad suele sorprendernos. Este año el valor salud cobra protagonismo. Este año estamos aprendiendo el valor de la cooperación, entre otras muchas cosas. ¡Qué grandeza!

Tengo la peculiaridad de vivir intensamente todo lo que me toca. Como madre estos días están siendo un regalazo para mí. Tengo la oportunidad de mantener largas conversaciones con nuestros hijos y de observar, con orgullo materno, su nivel madurativo, su desarrollo moral, emocional, social, además del cognitivo. Estoy protagonizando un momento delicioso, observar cómo nuestros hijos manejan sus emociones, gestionan su tiempo, abrazan su frustración… Además de madre, estoy haciendo de profesora, cada día aprendiendo a explicar mejor y a comprender que cada cerebro procesa la información de una manera. ¡Quién me iba a decir que iba a explicar matemáticas! Me he convertido en entrenadora física, alentando a nuestros hijos a hacer ejercicio físico y vigilando que cumplen con las normas de seguridad y protección para proteger su preciado cuerpo, sus músculos y sus huesos. También recibo clases de “mi entrador personal”, nuestro hijo pequeño. Hemos descubierto su talento para alentar, explicar y demostrar. Cocinar es una de mis aficiones. Cocinar con nuestros hijos es una practica habitual en nuestra familia. En estos días estamos descubriendo su autonomía en la cocina. El mayor sugiere menús equilibrados basados en una dieta saludable. Teniendo en cuenta que ha disminuido nuestra actividad física, también hemos disminuido nuestra ingesta. ¿Puede haber mayor regalo que evidenciar que el estilo educativo por el que apostamos, da sus frutos? Sí, observar que nuestros hijos están en el sendero de ser aquello que han venido a ser y que sin saberlo, a ciencia cierta, les hemos acompañado y ofrecido lo que han necesitado para ser quienes son. Asumiendo la enorme cantidad de veces que hemos metido la pata, claro está.

Encontrar el equilibrio entre estar al servicio y proteger a mi familia ha sido un reto fundamental para mí en estos días. Creo haberlo logrado, obviamente contando con la cooperación de nuestros hijos, siendo todos responsables y disciplinados. Ocupándonos todos de nuestra parte (efecto luciérnaga) y ayudándonos a cambiar la “bombilla” unos a otros.

He observado con sumo placer que las inquietudes que publicabahace unos días estaban en consonancia con los organismos competentes. He recibido los protocolos de las asociaciones de medicina y enfermería paliativa, donde han recomendado que nadie debería morir solo y donde ofrecen recomendaciones para ayudar a las familias a superar sus duelos. Las autoridades han ido modificando los protocolos como todos sabréis por los medios de comunicación. Respecto a la separación o no de los recién nacidos de sus madres, también he visto reflejada la inquietud en los medios y en múltiples profesionales y asociaciones. Es un placer formar parte de este TODO.

Otro de los desafíos de estos días está siendo establecer prioridades. En estos momentos escribir y publicar en el blog pasa a otro nivel de prioridad. Seguiremos en contacto, sólo que ahora no puedo predecir la frecuencia, será la que toque, la que marque el ritmo de la vida.

De todo corazón deseo que estéis bien.

Hasta pronto,

Marina

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