Para qué están los niños en casa

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En estos días, después de más de un mes de confinamiento, escucho como se alzan voces, unas como si fueran alboroto en un bar, otras fundamentadas haciendo reflexiones éticas reclamando que se trate a los niños como seres completos y no únicamente desde un punto de vista biosanitario. En otro momento me hubiera adherido a estas últimas voces, porque no les falta razón, los niños son iguales que los adultos, seres completos. Sin embargo, hay datos que conviene señalar y reflexiones que siento necesario manifestar como profesional de la salud.

¿Alguien quiere asumir el riesgo de que su hijo se contagie? ¿Alguien quiere asumir el riesgo de que su hijo pueda desarrollar una neumonía y esté aislado en un hospital? ¿Alguien sabe cuanta radiación puede soportar un niño?, porque para ver cómo evoluciona la neumonía se necesitan Rx. ¿Alguien quiere asumir el riesgo de que si la enfermedad avanza, su hijo esté en una UVI, en coma inducido, con un tubo y un respirador? ¿Alguien sabe la enorme cantidad de drogas (fármacos) que necesita un paciente de UVI? ¿Alguien se ha preguntado cuántos días puede resistir un niño en esas condiciones? ¿Tenemos suficientes puestos de UVI infantiles, materiales y profesionales cualificados para atender a la población infantil si el virus les llega a afectar como a los adultos? ¿Alguien sabe el conflicto ético que supondría desconectar a un niño de un respirador?… ¿Quiénes son los profesionales que pueden responder a todos estos aspectos técnicos?

Por si lo hemos olvidado esta es una crisis sanitaria.

La mayoría de la población ha seguido de cerca las noticias y ha visto el despliegue de medios que ha requerido y que sigue requiriendo. Nos sobrecogen las cifras de fallecidos. Ni que decir tiene, lo que sobrecoge ser el profesional que acompaña en ese momento, que desconecta, que certifica, que prepara al difunto, que acompaña a la familia… Nos sobrecogemos cada día.

Quien más y quien menos conoce a alguien que ha pasado o está pasando el COVID. Las familias que han perdido a uno o varios seres queridos, todas las personas que han pasado la enfermedad o han estado con un enfermo saben a lo que me refiero. No me quiero imaginar que a todos estos adultos enfermos y fallecidos sumemos niños.

Que los niños estén en casa no es un castigo, ni un capricho, es una medida de protección.

Soy madre de dos niños, claro que veo las ventajas de salir a la calle, son innegables. Ahora toca estar en casa. La infección por COVID no es una broma. Como madre y como sanitaria valoro éticamente los riesgos y beneficios de ambas decisiones y elijo protegerlos. Elijo establecer un protocolo de higiene en mi propia casa para protegerlos cuando regreso de trabajar o de la compra. Elijo que se queden en casa hasta que sepamos más sobre el virus y podamos tomar decisiones con un rango de seguridad aceptable. Elijo la prudencia, que no el miedo. También elijo acoger a los que piensan y actúan de manera diferente.

#quédateencasa, #protegealosniños

Hasta pronto,

Marina

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